
Lic. Ps. Juan Carlos Pérez Bautista*
Deseo compartir con ustedes mi preocupación por las cifras de violencia familiar en nuestro país en las que cuatro de cada diez mujeres, alguna vez unida, ha sido violentada por su pareja (ENDES 2004-2006). El 13% de las mujeres unidas han sufrido o sufren violencia física por su pareja en los últimos doce meses (MIMDES-PNCVFS-2004). En el año 2009 (enero – diciembre) se han registrado 203 casos: 139 de feminicidio y 64 tentativas (Registro del PNCVFS-MIMDES). De enero a abril del 2010 se han registrado 61 casos, 41 de feminicidio y 20 tentativas. (Registro del PNCVFS-MIMDES).
Mientras lees este artículo seguro te sorprenderás por las cifras, aunque al mismo tiempo te preguntarás: ¿Y yo que tengo que ver este lío? ¿No son las autoridades a las que deberían interesarles estos datos?. Si es el caso, te explico que en la práctica privada que realizo, encuentro a muchas mujeres que sufren de violencia familiar que consentían en sus relaciones de enamoramiento ciertos rituales de invasión a su dignidad e individualidad; maltratos físicos que iniciaban como simples escenas de celos y se convirtieron en agresiones sistemáticas, comparaciones lacerantes, negación de la relación e insultos que denigraban su condición de mujer y ser humano.
Estas mujeres se gestaron como víctimas cuando eran adolescentes y sus novios ya expresaban comportamientos propios de un ser violento y castigador en la etapa de la adolescencia y la juventud que es la misma que ustedes atraviesan ahora. Alguna de ellas en consulta me comentó: “Me hubiese encantado que me educaran a tiempo y que me enseñaran a reconocer la violencia desde que era joven y así hubiese evitado este martirio que me ha tocado vivir al lado de ese monstruo en que se convirtió mi esposo en el matrimonio”.
Pretendo entonces, en este breve escrito, reflexionar sobre los indicadores de violencia en una pareja para que cuando la tengas puedas identificarla y elegir acertadamente una mejor forma de vida y un gran compañero. Brevemente los enumero:
Cambios Temperamentales: Expresión extrema de ira y agresividad hasta al punto de no poder controlarlas. Es común escuchar en jóvenes que sienten que algo se apodera de ellos y son capaces de cometer cualquier locura e incluso hacer daño a la persona que está a su lado. Ejemplo: “Cuando me dijo que me dejaría…, no sé que me sucedió y la golpee fuertemente. Siempre que me molesto no me controlo, pero ahora se fue de mis manos”.
Presenta doble moral: Ante terceros se muestra amable y seductor, cuando en realidad es controlador y agresivo. Ejemplo: Carlos habla de respeto y comunicación en la pareja ante las personas cuando impone su voluntad o manipula a su novia para que las cosas se hagan a su modo.
Baja autoestima: Desconoce sus capacidades y se siente inferior a los demás por lo que es extremadamente celoso y posesivo. En ocasiones controla la forma de vestir y selecciona las amistades a su enamorada; y controla sus espacios para sentirse más seguro. Ejemplo: Miguel es un estudiante de secundaria que tiene gran temor de perder a María porque se sabe físicamente inferior que sus compañeros. Miguel prohíbe a María ser amiga de esos jóvenes poniendo de excusa que estos chicos simplemente no le caen.
Abuso de sustancias: El consumo de alcohol y drogas aumenta la posibilidad de la violencia en la pareja. Es decir, no causa la violencia pero sí es un factor precipitante de la misma.
Lenguaje descalificador: Es ofensivo y minimiza las capacidades de la pareja, ofende verbalmente y hiere la moral, se fija mayormente en lo negativo de la pareja, en las fallas. Ejemplo: Miguel compara a su enamorada con una ex haciéndola sentir menos.
Abuso físico durante la infancia: Existe mayor probabilidad de que un joven que haya sufrido maltrato físico en la infancia se convierta en un agresor en su relación de pareja cuando sea un hombre.
Desde que perdí a una alumna universitaria que vivía una relación violenta con su enamorado pregono con mayor énfasis a jóvenes, como ustedes, la importancia de conocer bien a sus amigos y a sus enamorados(as). No invisibilicemos este flagelo de muchos adolescentes y ayudemos a los jóvenes que lo padecen invitándolos a reconocer que necesitan ayuda y que viven una relación enfermiza que limitará todas sus posibilidades de desarrollo personal, familiar y social.



